La isla de Curaçao (también escrito como Curazao o Curacao), está situada a 67 kilómetros al este de Aruba, y con Bonaire forman el grupo de islas conocidas como “ABC”. Según una leyenda local los vivos colores pastel típicos de sus casas provienen de uno de los primeros gobernadores de la isla quién sufría de migrañas y la pintura blanca le agravaba su dolor. Este despliegue único de intensos colores recibirán al viajero que llegue al puerto, sin embargo Curacao esconde mucho para el visitante que se decide a explorarla.
Curazao en una isla descubierta por los españoles en 1499. Sin embargo fue tomada por la corona holandesa en 1634 quienes establecieron en su actual capital una base naval. En cualquiera de sus calles y plazas el viajero sentirá la influencia holandesa. Especialmente en los históricos edificios situados junto a la costa.
Su capital Willemstad, conocida popularmente como el Amsterdam del Caribe, es una ciudad vibrante y cosmopolita con muchas tiendas y cafés, especialmente en su paseo marítimo. Su centro histórico está declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Es fácil caminar por sus calles, y aunque la temperatura es cálida, nunca llega a sentir sofocante gracias a los constantes vientos alisios.
La ciudad está dividida en dos distritos situados a ambos lados de un estrecho y profundo canal. Este se puede atravesar gracias a un popular e histórico puente peatonal flotante conocido como Queen Emma (Reina Emma).
El viajero que se aventura más allá de Willemstad descubrirá que Curaçao está llena de grandes oportunidades para bucear y nadar, con más de 35 playas casi desiertas. Una de las actividades más populares es nadar con los delfines.